La integración  de los  pueblos en el diseño de una estrategia de lucha antimperialista

 

Alejandro Torres Rivera

 

30 de mayo de 2009

 

 

 

I. Introducción

 

         Hace 12 años, específicamente el 20 de junio de 1997, presenté un trabajo ante un grupo de jóvenes brigadistas que se proponían viajar para realizar trabajo voluntario en la hermana república de Cuba como parte del Contingente Juan Ríus Rivera. Entonces sometí ante la consideración de ellos un trabajo que titulé Las Nuevas Perspectivas en el diseño de una estrategia de lucha anti imperialista: una reflexión en desarrollo.  En él procuré ofrecer una perspectiva sobre la vigencia del pensamiento marxista en el contexto de la lucha anti imperialista y anti capitalista procurando rescatar del mismo su esencia y proponiéndome, además, presentar ante los jóvenes un referente distinto desde el cual aproximarnos en los nuevos retos que la lucha anti imperialista imponía para los pueblos en aquel momento desde la perspectiva del cierre de un siglo.

 

          La oportunidad que brinda el presente Seminario del Grupo de Trabajo del Foro de Sao Paulo reunido aquí en El Salvador y el documento base de discusión elaborado por distintos representantes de partidos y organizaciones que componen el Grupo de Trabajo del FSP, me permite actualizar algunos elementos que estimo pertinentes a la luz del desarrollo de la luchas llevadas ca cabo por nuestros pueblos en la pasada década.

 

         Una vez más, quisiera que mis palabras sean evaluadas, no como letra escrita en piedra, sino como parte de una reflexión en continuo proceso de revisión a la luz de los cambios que ocurren día a día en la correlación de fuerzas entre el capital y las luchas de nuestros pueblos.

 

 

II. Un punto de partida necesario

 

         Desde el punto de vista histórico, la palabra imperialismo la hemos estudiado en diferentes contextos. Durante la antigüedad, la asociamos con aquellas grandes civilizaciones que, mediante el uso de la fuerza de trabajo esclava, desarrollaron aquellos grandes imperios como fueron los casos de las civilizaciones egipcias, babilónicas, asirias, persas, griegas, cartagineses, fenicias, romanas, etc.

 

         En la Europa medieval, aquella que se va formando lentamente tras el vacío histórico ocasionado por el derrumbe del Imperio Romano y que produjo una nueva forma de organización social de la producción, dicho concepto lo encontramos vinculado al desarrollo de reinos como fueron los del Carlomagno en lo que hoy es Francia; o en los vastos imperios extendidos por Asia Menor y el Norte de África llegando a la península Ibérica, a partir de la conquista islámica; o incluso, en una época más cercana, por solo mencionar algunos, en el desarrollo de diferentes estados mercantilistas en Europa como fueron Portugal, España, Holanda e Inglaterra.

 

         Esta noción de imperialismo, sin embargo, es distinta a aquella que nos compete discutir a la luz del desarrollo del capitalismo como modo de producción fundamental en los pasados siglos.

 

         El imperialismo en un sentido histórico más reciente es el producto de una época particular, la época del capitalismo. Desde una perspectiva teórica marxista leninista, tanto el capitalismo como el imperialismo, fueron objeto de estudio y análisis meticuloso por parte de Carlos Marx, Federico Engels y Vladimir Ilich Ulianov. Sin embargo, las características que asumen hoy el capitalismo como sistema económico y el imperialismo como expresión de la concentración y dominación mundial del capital no son necesariamente las mismas que asumía cuando fuera analizado por éstos.

 

         Marx y Engels, al formular una teoría que sirviera de instrumento para interpretar el desarrollo de las sociedades habidas a lo largo de la historia, recurrieron a la aplicación de las leyes de la dialéctica materialista al análisis de la historia. En estos, identificaron lo que consideraron era la fuerza propulsora de los grandes cambios y transformaciones sociales: la lucha de clases. Lo hicieron tomado en consideración fundamentalmente la experiencia europea.  Marx y Engels definieron en sus análisis, a partir del modo de producción fundamental que identificaron en distintos períodos históricos, las siguiente etapas: comunismo primitivo, esclavitud, feudalismo, capitalismo y comunismo moderno.

 

         Lenin, partiendo del marco teórico establecido por Marx y Engels, señala, sobre todo a partir de su trabajo El Estado y la Revolución, que entre el capitalismo y el comunismo moderno propiamente, existiría un período de transición indeterminado en tiempo, donde contrario a lo afirmado por Marx en referencia a la transición del capitalismo al comunismo, subsistirían las clases sociales en lucha, aún sería necesaria la permanencia del Estado como órgano de dominación de una clase social sobre otras; pero a su vez, un período de tiempo donde aquella clase social en el poder durante el capitalismo sería desplazada de su posición privilegiada y otra clase asumiría el control del aparato estatal. Esta última, sería la clase obrera. Esta etapa, denominada por Lenin como “etapa inferior del comunismo”, será la etapa que conocemos como socialismo, la etapa desde la cual el proletariado edificaría las condiciones para el eventual tránsito a la etapa superior de comunismo.

 

         En su obra El Imperialismo, fase superior del Capitalismo, Lenin indica que el capitalismo ha tenido dos etapas: la primera, aquella analizada por Marx en su época y la segunda, a la cual él le adjudica el nombre de imperialismo, la identifica surgiendo entre los años 1898-1900. De hecho, le adscribe a la Guerra Hispano-cubana-americana el “mérito”histórico de ser la primera guerra inter imperialista.

 

         En su trabajo publicado en 1916 titulado El Imperialismo y la escisión en el Socialismo, Lenin indica que el imperialismo responde a una etapa histórica del desarrollo del capitalismo el cual tiene tres peculiaridades: “el imperialismo es: 1) capitalismo monopolista; 2) capitalismo parasitario o en descomposición; 3) capitalismo agonizante.” Al identificar lo que es la esencia del imperialismo, indica además, que la misma reside en la sustitución de la libre competencia por el monopolio. Sobre este último señala:

 

“El monopolio se manifiesta en cinco formas principales: 1. carteles, sindicatos y trusts; la concentración de la producción ha alcanzado el grado que da origen a estas asociaciones monopolistas de los capitalistas; 2. situación monopolista de los grandes bancos: de tres a cinco Bancos gigantescos, manejan toda la vida económica de los EE. UU..., de Francia y de Alemania: 3. conquista de las fuentes de materias primas por los trusts y la oligarquía financiera (el capital financiero es el capital industrial monopolista fundido con el capital bancario); 4. se ha iniciado el reparto (económico) del mundo entre carteles internacionales...La exportación del capital, como fenómeno particularmente característico, a diferencia de la exportación de mercancías bajo el capitalismo no monopolista, guarda estrecha relación con el reparto económico y político-territorial del mundo; 5. Ha terminado el reparto territorial del mundo (de las colonias).”

 

         Para Lenin, ese imperialismo es una etapa agonizante del capitalismo “en transición hacia el socialismo”. Finalmente, nos advierte, que un elemento distintivo de esta época será la tendencia entre los distintos estados imperialistas a disputarse los mercados por medio de conflictos bélicos ante la realidad de que ya el mundo ha quedado totalmente dividido en esferas de influencia por aquellos que arribaron a esta etapa imperialista con mayor anterioridad.

 

         La creencia de que el imperialismo era la última fase del desarrollo capitalista llevó a no pocos debates ideológicos durante comienzos del siglo XX. Dentro de estos debates cabe mencionar los ocurridos en el seno de la Segunda Internacional Socialista como resultado de los endosos de distintos partidos socialdemócratas a la participación de los trabajadores llamados a la guerra bajo la “bandera de la patria” o de “la nación”, durante la Primera Guerra Mundial de 1914-1918.

 

         También podemos mencionar los debates en torno al surgimiento de la Tercera Internacional Comunista; el debate en torno a la posibilidad de una vía revolucionaria que permitiera el desarrollo del socialismo en un solo país; la necesidad o no en aquellos países semi feudales o semi capitalistas de transitar directamente al socialismo sin pasar previamente por una etapa de desarrollo capitalista; o incluso, la tesis adoptada por el Partido Comunista de Estados Unidos en un momento de su desarrollo, según la cual, siendo el imperialismo la última etapa del capitalismo y siendo Estados Unidos uno de los modelos imperialistas más desarrollados, lo propio no era organizarse para llevar a cabo una revolución socialista, sino esperar y aguardar a que el modelo hiciera crisis por sí mismo y se desmoronara, permitiendo así el acceso al poder a la clase obrera y descartando por tal razón la vía revolucionaria.

 

         Los sucesos ocurridos en Rusia en 1917 cambiaron el curso de la historia y sus debates. Allí donde el imperialismo manifestaba sus características de mayor atraso en la cadena imperialista; donde la monarquía y la clase capitalista rusa se encontraba a su vez subordinada al capital de otras potencias imperialistas; donde el atraso social, cultural y económico de la población superaba la realidad de lo que constituían esas premisas de desarrollo en otras grandes potencias capitalistas; y donde sin lugar a dudas, existía la mayor diversidad y conflicto entre naciones y nacionalidades integradas dentro de un estado político capitalista, se produciría la primera revolución socialista triunfante en el Siglo XX.

 

          Posiblemente esta fue la primera experiencia en el Siglo XX que nos ilustra el por qué el diseño de las revoluciones sociales nunca debe quedar sujeto a los moldes rígidos, dogmas o paradigmas infranqueables con los que algunos teóricos políticos pretenden limitar las mismas.

 

         El análisis hecho por Marx y Engels del modo de producción capitalista y sus propuestas de cambio social y económico revolucionarios tuvieron que ser puestos al día por Lenin, no solo en el contexto del nuevo desarrollo del capitalismo, sino también, en el contexto particular de la Rusia Imperial y las nuevas correlaciones de fuerzas entre el proletariado y la burguesía.

 

         A riesgo de un salto histórico en el desarrollo de los procesos políticos y sociales, traemos esta discusión sobre la experiencia de Lenin en el análisis con algunas particularidades para así explicar el por qué, al momento de analizar hoy nuestra realidad dentro un mundo cambiante que a su vez no supera sino profundiza las desigualdades que heredó el capitalismo y aquellas otras que desarrolló y maximizó, es necesario también evaluar las nuevas condiciones prevalecientes. Es a base de ellas y no a base de fórmulas posiblemente superadas, sobre las cuales debemos identificar nuestras actuales propuestas de cambio y transformaciones revolucionarias.

 

 

III. Otras aproximaciones en el debate

 

         En 1996 el Dr. Santos Negrón, reputado economista puertorriqueño, publicó un trabajo elaborado para el Club Roma, Capítulo Puertorriqueño, bajo el título Análisis de la Literatura sobre la Situación del Postcapitalismo. En él Negrón indica que John Maynard Keynes, en su libro The General Theory of Employment, Interest and Money (La Teoría General del Empleo, los intereses y el dinero), publicado en 1936, desarrolló la tesis de que al estabilizar “las fluctuaciones del sistema y reducir el desempleo sin necesidad de cambiar la estructura de las relaciones entre los negocios, los trabajadores y el gobierno, el capitalismo podía salvarse de su destrucción.”  Indica también que otro teórico del capital, Joseph Shumpeter, desde la perspectiva de la defensa del capital, en su libro Capitalism, Socialism and Democracy (Capitalismo, Socialismo y Democracia), publicado en 1950 pronosticó el fracaso del modelo capitalista, pero no como resultado de lo pronosticado por Marx y Lenin. Él identifica como razones para dicho fracaso los siguientes elementos:

 

“... la obsolescencia de la función empresarial; la destrucción de la capa protectora formada por la clase aristocrática y las instituciones de la sociedad pre capitalista, que jugaban un papel integrador en el gobierno del sistema; la destrucción del marco institucional de la competencia atomística y los mercados libres debido a la progresiva monopolización de las industrias; y la hostilidad creciente de las fuerzas anti capitalistas: el Estado (en forma de contribuciones altas a los negocios), las uniones y las cortes con sus exigencias salariales y sus acciones anti monopolísticas respectivamente.”

 

         Dentro de esta camada de nuevos analistas y estudiosos defensores del desarrollo de las conformaciones que adoptan las nuevas sociedades capitalistas hasta nuestros días, merece la pena referirnos con particular interés a los libros elaborados por Alvin y Heidi Toffler, particularmente la trilogía conocida como La Tercera Ola (1980), El Cambio del Poder (1990) y Las Guerras del Futuro (1994).

 

         De acuerdo con los autores, la historia de la humanidad hasta nuestros días se encuentra dividida en tres olas.

 

         La Primera Ola, la identifica como que surge allá para el año 8000, A.C. y se extiende hasta aproximadamente los años 1650-1750 de nuestra era; es decir hasta el período anterior a la Revolución Industrial. La base de toda economía, según los autores, se orientaba a la producción de consumo desde una perspectiva sustentadora.

 

          La Segunda Ola fue una criatura de la Revolución Industrial y se extiende hasta mediados de la década de 1950 cuando se comienzan a introducir los ordenadores, y por primera vez, en Estados Unidos, el número de empleados y los trabajadores de los servicios superaron en número a los obreros manuales. De acuerdo con Toffler, los elementos básicos sobre los cuales descansa el modelo implantado en esta Ola son los siguientes:

 

(A) Uniformización: sistemas de distribución; el Taylorismo; tamaño de las máquinas, productos y procesos; dinero; precios, etc.

 

(B) Especialización: separación entre el poseedor de conocimientos y el cliente; la profesionalización de las funciones, etc.

 

(C ) Sincronización: no se podía permitir que las máquinas costosas permanecieran ociosas durante parte del tiempo pudiendo encontrarse en producción. Por lo tanto, se impone en el ser humano el hábito de medir el tiempo, se generaliza el uso del reloj y la sirena en los centros de trabajo; se crean los horarios en los sistemas de transportación, en las escuelas, actividades comerciales, etc.

 

(D) Concentración: concentración de la energía, de la población, del trabajo a través de la creación de grandes fábricas, cárceles, manicomios; surgen las grandes corporaciones, monopolios, y trusts.

 

(E) Maximización: se eleva a nivel el principio de todo lo “grande” es “eficiente”.

 

(F) Centralización: se centraliza la información, los sistemas de dirección de las empresas; se centraliza el aparato estatal; se centraliza el poder de las distintas ramas del gobierno; se centraliza la banca y se regula el sistema financiero, etc.

 

         La Tercera Ola, es aquella en la cual se desplazan desde entonces las sociedades modernas e industrializadas; es decir aquella en la cual vivimos. Conforme a los autores, en esta Ola, nos toca vivir un mundo “trisecado”. Se trata de un mundo en el cual convergen tres tipos de civilizaciones; un mundo en el cual se produce una fuerte competencia entre la civilización de la azada, la de la cadena de montaje y la del ordenador electrónico. Bajo esta última, indican los autores, se están produciendo, cada vez con mayor rapidez, cambios en las esferas de la tecnología, vida familiar, religión, cultura, política, actividad empresarial, jerarquías, hegemonías, valores, moral sexual y epistemología. Así indican:

 

‘...las naciones de la tercera ola venden al mundo información e innovación, gestión, cultura y cultura popular, tecnología, punta, programas informáticos, educación, adiestramientos, asistencia sanitaria y servicios financieros y de otro tipo...”

 

         En este último renglón, se incluye la venta de protección de unos estados a otros, así como la venta de tecnología militar. En lugar de información, especialización sincronización, concentración, maximización y centralización, características de la Segunda Ola; en esta la producción desmasificada de la Tercera Ola, en todos los órdenes será ésta la que marque el rumbo a seguir. Aquí todo es “un torbellino de ideas, imágenes y símbolos”, donde se persigue que cada individuo aislado utilice los elementos que estime necesarios para formar su propio mosaico.

 

          Para conseguir tal propósito, se postula que los cambios tecnológicos constantes y la heterogeneidad pasen a cumplir un rol determinante en las nuevas organizaciones sociales. Para esto, los sistemas de intercambio de información, bancos de datos, ordenadores electrónicos en constante revolución, serían los instrumentos esenciales para el desarrollo.

 

         El avance de la tecnología acorta las distancias entre unos países y otros, entre unos individuos y otros, lo que tiende a ir definiendo un nuevo mapa de lo que constituirá la sociedad futura y la manera en que los diferentes estados se relacionarán unos con otros.

 

          Sin embargo, tratándose de un mundo que no ha evolucionado igual en todas sus partes; es decir, a partir del reconocimiento de la existencia de un mundo trisecado, un mundo que en palabras más conocidas para todos nosotros, el desarrollo del modo de producción capitalista ha estado expuesto precisamente a un desarrollo desigual, es lógico suponer que dichas diferencias repercuten y ciertamente continuarán repercutiendo en lo que son las relaciones entre los individuos y las relaciones entre los diferentes Estados.

 

         La tendencia de esta Tercera Ola, utilizando los términos de Toffler, es la tendencia hacia la integración económica del mundo, aunque contradictoriamente, cada vez sus partes más pequeñas tiendan a jugar un rol cada vez más importante en los procesos de integración. En este proceso, claro está, el concepto integración adquiere significados diferentes en dependencia al proponente de la propuesta integradora.

 

         El análisis del desarrollo del capitalismo de finales del siglo XIX y XX, así como también aquel del comienzo y desarrollo del siglo XXI, nos convoca a nuevas reflexiones en la búsqueda de nuevas estrategias de lucha.

 

          En la primera década del siglo XXI no es correcto, si queremos formular propuestas revolucionarias que nos lleven a retomar una propuesta de socialismo que responda a las nuevas condiciones que heredamos del pasado siglo, hablar con el mismo discurso de hace cien años.

 

         Nuevas aproximaciones al debate se han formulado, una de las cuales, a juicio nuestro más importantes, es aquella que articula la investigadora canadiense Naomi Klein en su libro The Shock Doctrine, The Rise of Disaster Capitalism, (La Doctrina del Shock, el surgimiento del capitalismo del desastre), publicado en el año 2007. En él, basado en las doctrinas económicas desarrolladas por el economista ganador del Premio Nobel de Economía, Milton Friedman y la escuela de Chicago (“Chicago Boys”), se analiza cómo el Estado estadounidense se ha valido de las llamadas políticas neoliberales o neo conservadoras y privatizadoras para el adelanto de su agenda imperialista en las pasadas décadas y sus manifestaciones presentes.

 

          En el libro que publicara Friedman titulado Capitalism and Freedom (Capitalismo y Libertad), propuso un modelo alterno al “Modelo Keynesiano” donde plantea como alternativa a aquel modelo, que por cierto no representaba una opción anti capitalista, el regreso a las anteriores doctrinas del liberalismo económico como mecanismo para eliminar la intervención del Estado en la reglamentación de los procesos económicos. Friedman y sus discípulos plantean también la venta de las empresas en poder del Estado al sector privado y la eliminación del concepto “Estado Benefactor”, es decir, los programas estatales de beneficencia para entregar tales funciones con una perspectiva de ánimo de lucro al sector privado.

 

          En su afán, una vez más, el capital recurrió a la consigna de que las leyes del mercado son las autoreguladoras de los procesos económicos. El método propuesto y seleccionado por la Escuela de Chicago para la reversión de los procesos de reglamentación por parte del Estado en los procesos económicos fue la privatización de los servicios públicos. El instrumento sería el uso de las políticas de choque. El “epicentro” del experimento, sobre todo para los países latinoamericanos, sería Chile luego del 11 de septiembre de 1973.

 

         El modelo experimentado con violencia en Chile fue también desarrollado más adelante en Argentina durante la Guerra Sucia. En otros países se recurrió a métodos distintos, como fueron los casos de Bolivia, Polonia y China, sobre todo  durante la década de 1980. Aunque ciertamente el uso de la violencia como método fundamental para la implantación de las políticas neoliberales y privatizadoras no fue el determinante, ciertamente tampoco podemos expresar que la violencia institucional dejara de estar presente en tales procesos.

 

          En la extinta Unión Soviética, hoy Rusia, como ocurrió también en Canadá y diferentes países asiáticos durante la década de los 1990, se siguieron modalidades distintas en la aplicación de las medidas de choque. En la presente década, tanto en Estados Unidos e Iraq, por tan solo mencionar dos casos conocidos, también se han venido desarrollando estas políticas económicas.

 

         En el caso de Iraq, se trata de políticas dirigidas a la destrucción total de la economía de un estado político mediante el desarrollo una guerra librada en todos los frentes para luego, mediante el financiamiento de la reconstrucción de la infraestructura previamente destruida y el control directo de las empresas multinacionales establecidas en este país del Estado y la economía del país, afianzar su dominio y explotación de las riquezas y recursos naturales del territorio. Dentro de la nueva lógica las empresas multinacionales de Estados Unidos insertadas a través de sus cuadros directivos corporativos en funciones públicas dentro del Gobierno de este  país, vienen a dirigir las políticas de ocupación física del territorio, saqueo de sus recursos naturales y la utilización su suelo como plataforma de agresión hacia otros países en la región.

 

         En el caso de Estados Unidos luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001, como más adelante ocurrió en el 2005 luego del paso del Huracán Katrina, se utilizaron estos eventos para dirigir contra el propio pueblo estadounidense medidas de choque que han tenido como resultado consecuencias no solo en el nivel de vida de la población sino además, en una reducción de libertades que hasta entonces disfrutaban los propios ciudadanos de Estados Unidos. Otra áreas impactada por estas medidas ha sido la relacionada con la protección social de los ciudadanos estadounidenses y en el desmantelamiento progresivo de la intervención del Estados en los procesos económicos.

 

         En todo este cuadro de situaciones, cada vez es más clara la intervención de las corporaciones multinacionales colocando  sus cuadros de dirección económica a la cabeza del Estado, ya sea dentro de las fronteras propias de los estados nacionales con los cuales intervienen o aún dentro de las fronteras de los estados donde se encuentran sus casas matrices, con el único propósito de servir a sus propios intereses económicos aún cuando afecten los intereses de la población que viene llamada a representar el llamado “Estado nacional.”

 

         En esa medida, en la lucha de nuestros pueblos, aún con los avances de la luchas políticas en los pasados años particularmente en América Latina, no podemos hablar de que asistimos históricamente hablando a un proceso que anuncia la muerte final del capitalismo. Por eso en nuestro accionar político, más allá de la formulación de estrategias que postulan la política de alianzas entre clases sociales y sectores de clase, que ciertamente en no solo importante sino necesario, es ineludible continuar afirmando desde una izquierda que postula el cambio y la transformación de las actuales relaciones de producción, la necesidad de afirmar la lucha anti imperialista como parte de una lucha integral contra el capitalismo como sistema de dominación política y económica de nuestros respectivos pueblos. Es quizás en esta afirmación donde se desdoble la propuesta reformista de la propuesta revolucionaria.

 

 

IV. La nueva estructuración del capital

 

         Lo que para Toffler es el comienzo de la Tercera Ola, asociado al surgimiento y desarrollo del ordenador electrónico, también, desde el punto de vista de la lucha anti capitalista, fue el surgimiento de un amplio campo socialista al final de la Segunda Guerra Mundial y la propagación de las ideas revolucionarias en continentes como África, Asia y América Latina. El enfrentamiento de estas dos visiones políticas y el avance y retroceso de los procesos de lucha y represión surgidos del enfrentamiento entre ambas concepciones, es también el parto o surgimiento de lo que ha venido a llamarse, históricamente hablando, el período de la Guerra Fría.

 

         Durante varias décadas siguientes los movimientos de liberación nacional en los países coloniales en tales continentes alcanzaron importantes victorias, accediendo la mayoría de ellos a su independencia nacional. En algunos casos, a la independencia nacional, siguió el establecimiento de relaciones de producción basadas en políticas nacionales anti imperialistas, anti capitalistas y en defensa de la soberanía nacional de sus pueblos.

 

         Al calor también de dicho proceso de Guerra Fría, junto a las profundas derrotas sufridas por imperialismos como el francés, el belga, el holandés y el estadounidense, se acumularon  profundas desviaciones, errores en la conducción del país y de la economía y particularmente en el abandono del componente ideológico necesario a un proceso de ruptura revolucionaria con los viejos moldes de una sociedad capitalista en una etapa aún muy tierna de lucha de clases entre lo nuevo y lo viejo. Esta fue el caso de la Unión Soviética y los países del llamado Bloque Socialista. Estas desviaciones en el proceso de construcción del socialismo en cada uno de estos países, trajeron como resultado el colapso de sus economías  y sus gobiernos y el eventual ascenso en dichos países de la restauración del modo de producción capitalista, todo ello con graves consecuencias para la inmensa mayoría de sus poblaciones.

 

         El resultado de la restauración del capitalismo en estos países debilitó también en el plano ideológico la lucha por el socialismo no solo en dichos países, sino en países como los nuestros, donde la propuesta de socialismo a nuestros pueblos en no pocas ocasiones tenía como referente alternativo aquellas conquistas y avances sociales alcanzados por los países del llamado campo socialista. El resultado fue la transición en una perspectiva de retroceso  desde un mundo llamado “bi polar”, a un mundo denominado “unipolar”, sostenido en la ideología del capitalismo y desde el punto de vista económico, globalizado.

 

         Algunos autores como Octavio Ianni, en su libro Teorías de la Globalización se refiere a este mundo como una “fábrica global”, la cual según él:

 

“...sugiere una transformación cuantitativa y cualitativa del capitalismo, más allá de sus fronteras y subsumiendo formal o realmente todas las otras formas de organización social y técnica del trabajo, de la producción y la reproducción ampliada del capital. Toda economía nacional, sea cual sea, se vuelve provincia de la economía global. El modo capitalista de producción entra en una época propiamente global, y no internacional o multinacional. Así el mercado, las fuerzas productivas, la nueva división internacional del trabajo, la reproducción ampliada del capital, se desarrolla en escala mundial. Una globalización que, progresiva y contradictoriamente subsume real o formalmente otras y diversas formas de organización de las fuerzas productivas, y abarca la producción material y espiritual.”

 

         Al internacionalizarse el capital y lograr penetrar sin mucha dificultad dentro de las fronteras de los llamados “estados nacionales socialistas”, estas economías comienzan a convertirse en las nuevas fronteras de negocios, inversiones, asociaciones de capitales, transferencias de tecnologías y otro tipo de operaciones que promueven y facilitan la reproducción del capital a escala mundial. Si bien dicha penetración de capital no ha ido en dichos países acompañada de cruentas guerras entre los principales estados imperialistas por el control de esferas de influencia como en el pasado; como dice Lowell Bryan y Diana Farrell hablando desde una perspectiva del capitalismo neo liberal en su libro Market Unbound, sería “ingenuo”(naive) creer que estos cambios serán incruentos (bloodless). Indican también estos autores que uno de los primeros efectos de esta globalización de los mercados, es que permite a los gobiernos nacionales un endeudamiento mayor, sin precedente en tiempos de paz, donde los déficit acumulados terminan afectando gravemente la capacidad fiscal del Estado para atender los programas sociales dirigidos a la población, incluyendo pensiones, cuidado de salud, asistencia social y desempleo. Es precisamente esa indisposición del Estado a asumir sus responsabilidades sociales en estos extremos uno de los mayores detonantes capaces de implosionar serios conflictos en tales países.

 

         Aunque el sistema capitalista aún mantiene a escala mundial carteles nacionales, ya los mismos no son determinantes para la expansión del propio capital. Ahora son las instituciones, organizaciones, y corporaciones multilaterales, transnacionales, o propiamente mundiales, las que dictan el paso de las economías, aún por encima de los gobiernos nacionales.

 

         Al ser internacionalizado por éstas el capital, se internacionaliza también el proceso productivo. Sin embargo, a diferencia de antes, lo que se internacionaliza es el capital global y no el capital de un país en particular.

 

         Nos dice Ianni, Op. Cit. haciendo referencia a José Carlos de Souza Braga, en su libro A financeirazacao de riqueza, “las finanzas dictan el ritmo de la economía...El predominio financiero – la financierización– es expresión general de las formas contemporáneas de definir, gestionar y realizar la riqueza en el capitalismo...”

 

         Es precisamente de esta premisa teórica que parte Paul M. Sweezy en su escrito titulado The triunf of Financial Capital (El triunfo del capital financiero), según citado por Ianni, cuando dice:

 

“El locus del poder económico y político se dislocó debido a la ascensión del capital financiero. Se ha dicho, en especial por radicales [cuidado con el uso del término] que el lugar del poder en la sociedad capitalista estaba en los escritorios de las centrales de unos cuantos centenares de corporaciones multinacionales gigantescas. Ahora que no hay duda acerca del papel de estas entidades en la asignación de los recursos y otras actividades correlacionadas, pienso que hay que agregar una consideración que merece ser enfatizada. Los ocupantes de estos escritorios centrales están ellos mismos, en creciente medida, constreñidos y controlados por el capital financiero. En otras palabras, el poder real no está totalmente en los escritorios de las corporaciones sino en los mercados financieros. Lo que es válido para los directores de corporaciones también lo es para los que controlan el poder político (nacional). Cada vez más, ellos también son controlados por los mercados financieros en lo que pueden y en lo que no pueden hacer.”

 

         Sin embargo, a pesar de lo anterior, el hilo conductor a través del cual hoy sigue expresándose el señorío del capital financiero lo constituye o constituyen el (los) conjunto(s) de estados-nacionales desde donde sus redes se extienden, tanto hacia otros estados-nacionales como es el caso de aquellos países más desarrollados, como sobre sus propias clases trabajadoras en todos los casos.

 

         En estos últimos, los efectos los vemos además directamente en el desenfreno de las clases dominantes por limitar cada vez más el rol económico del Estado en las diversas funciones del proceso productivo condenándolo, bajo consignas neoliberales de privatización, a la posición del Estado como un mero facilitador de la empresa privada, a la par que busca a través de él, implantar a cambio de llamadas sutilmente “reformas”, dirigidas a desreglamentar actividades que protegen o resguardan derechos de los trabajadores; facilitar mecanismos de explotación de la fuerza de trabajo; la eliminación de subsidios gubernamentales a la población; y la eliminación de las conquistas laborales alcanzadas por los trabajadores a través de largos años de luchas.

 

         Detrás de la privatización de los servicios públicos y de la adopción de estas medidas neoliberales, el capitalismo en estas naciones-estados,  persigue encontrar la fuente de la eterna juventud que le permita renovarse constantemente y aún más, perpetuarse.

 

         A nivel de los países más desarrollados, mediante instituciones como el Fondo Monetario Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, entre otros, se somete a la voluntad de unos cuantos las economías de los países en vías de desarrollo, e incluso, las economías de aquellos países que hace apenas una década eran países dentro del llamado “campo socialista, quedando así agrietada, comprometida y sometida la soberanía política de los mismos.

         Pero como ocurrió antes durante el proceso de forcejo inicial del imperialismo, cuando algunos países desean entrar en competencia con aquellos que arribaron primero históricamente hablando al desarrollo pleno del sus propias economías, la lucha por la hegemonía sigue su curso; un curso ininterrumpido en la historia, reproduciendo situaciones similares en esta competencia, aunque en ocasiones revestidas de formas más sutiles.

 

         Por eso no podemos perder la perspectiva de que, aún dentro de lo parecido que pueda resultar la situación, la realidad es que estamos ante escenarios diferentes. El imperialismo ha hecho sus ajustes. Ahora, ante la debilidad relativa que puede representar para los diferentes estados-nacionales imperialistas un enfrentamiento militar de proporciones mayores entre ellos, y dado los vínculos que les atan a unos y otros por parte del capital financiero integrador de sus economías, la alternativa a la cual se recurre es a la de compartir entre ellos la distribución de los mercados y las esferas económicas de influencia, cuidándose de no desatar en lo inmediato conflictos militares como los que enfrentó el mundo en las dos Guerras Mundiales del siglo pasado.

 

         Así vemos a Europa caminando hacia una integración económica, monetaria, militar y política como mecanismo que le permita enfrentar el poder económico, militar y financiero de Estados Unidos; mientras éste último, en el Hemisferio americano, ha hecho esfuerzos a lo largo de más de una década, primero por establecer un tratado de libre comercio junto con Canadá y México, y luego, por extender el mismo concepto de tratados de libre comercio con el resto de América Latina creando el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y ante su fracaso, la creación de tratados bilaterales de libre comercio con diferentes países latinoamericanos y caribeño. Estos procesos de integración, si bien no son necesariamente armónicos entre sí, se sostienen en la premisa de grandes desigualdades y divergencias entre los diferentes estados que los conforman en los planos culturales, económicos y políticos, haciendo de estos procesos de llamada integración, procesos conflictivos que además atentan contra la soberanía nacional de nuestros países.  Más adelante nos referiremos especialmente a este tema.

        

         No perdamos de perspectiva, sin embargo, que si bien no estamos hablando de guerras en el sentido que las conocimos antes, detrás de estos esfuerzos se esconde una guerra no declarada, donde en este nuevo encuentro entre titanes, no son las divisiones acorazadas, ni los ejércitos, ni grandes flotas navales, o incluso, el despliegue de misiles nucleares, lo que en esta etapa define el resultado de la contienda. Este se define hoy por el nivel del control global en el conocimiento, el dominio de la tecnología, de la informática y de la capacidad de revolucionar constantemente el mercado de desarrollo económico.

 

         De esta manera, las posibilidades de desarrollo de cada unidad de producción, de cada corporación, de cada estado-nacional, dependerán del dominio de la informática, del conocimiento de los especialistas del conocimiento, los cuales lejos de sustituir o suplantar a los viejos políticos a la cabeza del estado-nación, sencillamente pasarán a dirigirlos. Controlando la información, se desgasta el poder  de las instituciones tradicionales (iglesias, partidos políticos, asociaciones, clubes culturales, sindicatos, gremios profesionales, etc.) Mientras dicho desgaste ocurre, se va estableciendo a la par una verdad oficial, una ideología oficial, una conducta social e individual oficial, una nueva escala de valores sociales. El conocimiento y el manejo de la información pasa a convertirse entonces en el sustituto por excelencia de otros mecanismo tradicionales de dominación.

 

         Cuando esto ocurre, el mundo comienza a invertirse. Contrario a como lo expresara John Naisbitt en su libro The Global Paradox (La paradoja global), a los efectos de que mientras más grande sea la globalización de la economía, más poderosos se presentarán en el terreno de juego los jugadores más pequeños; aquí los más poderosos, que no necesariamente serán estados nacionales sino corporaciones supra nacionales, se presentarán en el juego con mayores consecuencias para los jugadores más pequeños, sean estos pueblos en vías de desarrollo, o sean estos países con mayores niveles de desarrollo económicos pero dependientes de tales jugadores en el manejo de la informática y el conocimiento.

 

          El acceso al conocimiento como ente liberador colocado en unas pocas manos, se convierte así en su contrario. Mientras antes permitía demostrar que las economías más fuertes ya no tenían que ser las más grandes sino las más dinámicas, ahora nuevamente entra en el forcejeo conceptual como lo fue antes, definido por la lucha entre la superación de la necesidad frente al reclamo de la libertad.

 

         Tiene al menos razón Toffler en la siguiente conclusión cuando indica:

 

“...dentro y por encima de la economía nacional, del imperialismo y del multilateralismo, además de otras realidades y conceptos que siguen siendo presentes y válidos, se desarrollan las relaciones, los procesos y las estructuras que constituyen la organización y la dinámica del capital en escala mundial. Así se subvierten nociones, conceptos, categorías o interpretaciones. Lo que parecía evidente y consolidado puede parecer dudoso, no acabado o superado. De forma errática o sistemática, el pensamiento científico está siendo provocado por los desafíos de la globalización del capital.”

 

 

V. La nueva geografía de los mercados en el Caribe

 

         Una mirada desde Puerto Rico:

 

          Puerto Rico, ocupa una zona privilegiada en la región del Caribe. Localizado en el extremo oriental del archipiélago de las Antillas Mayores y siendo la menor de éstas, las dos islas municipios localizadas al Este, Vieques y Culebra, inician a su vez la configuración geográfica de lo que constituye el archipiélago de las Antillas Menores. Hacia el occidente y muy próximo, se encuentra la República Dominicana, uno de los dos países que comparten territorialmente la Isla de la Española.

 

         Si preguntáramos a varias personas cuántos países conforman el Caribe, encontraríamos varias respuestas.

 

         Para algunos el Caribe lo conforman el conjunto de islas que configuran ambos archipiélagos. Para otros, el Caribe lo conforman todos aquellos países y territorios cuyas costas son tocadas por las aguas del Mar Caribe.

 

         Sin embargo, si asumiéramos como cierta esta última premisa, tendríamos que incluir en el Caribe los países centroamericanos, con excepción de El Salvador, México, y los estados de la región del Golfo de México dentro de la jurisdicción de Estados Unidos; como también,  aquellos a lo largo de la costa norte de América del Sur, como Colombia, Venezuela, Guyana, Suriname  y la Guayana Francesa.

 

          No obstante, si nos colocamos en la perspectiva de los países centroamericanos, para ellos el Caribe no es sino aquellas islas más allá de lo que para ellos es la Costa Atlántica, en contraposición a la Costa del Pacífico que les toca por el Oeste.

 

         En ocasiones utilizamos el concepto América Latina y como parte de él ubicamos la región del Caribe. Sin embargo, hacemos la abstracción de incluir dentro de dicho conglomerado a Haití y los departamentos caribeños franceses. Olvidamos a su vez que Jamaica es un estado angloparlante como lo es Bahamas, o lo son las Islas Vírgenes, sean estas inglesas o estadounidense. Sin embargo, forman parte de la región del Caribe tanto como puede ser el caso de Cuba, Puerto Rico o la Isla Margarita.

        

          La realidad es que en la región del Caribe, “latinos” somos los pueblos de habla hispana o francesa, de modo que ver el Caribe como parte de América Latina, tampoco sería correcto.  Más aún, no perdamos de perspectiva que también en este gran Caribe confluyen pueblos de habla holandesa y francesa, los cuales a su vez han desarrollado, como en el caso haitiano o el de las antillas holandesas, su vernáculo particular para comunicarse entre sí como es el “creole” o el “papiamento”.

 

         En el caso del Caribe Oriental, algunas de las islas que configuran el Archipiélago o territorios continentales, mantienen distintos grados de relación política respecto a Holanda o Francia, como son los casos de Aruba, Curazao, Bonaire, San Martín y en el caso de América del Sur, Suriname. Igualmente ocurre con relación a Inglaterra. En el el caso de Islas Vírgenes Inglesas, St. Vincent y las Granadinas, St. Kitts y Nevis, St. Lucía, Barbados, Antigua y Barbuda, Anguila, Jamaica, Guyana, Bahamas, etc., o en el caso de América Central con relación a Belice, las relaciones políticas involucran tanto países soberanos como países colonialmente dependientes. Esta característica también podemos afirmarla en el caso de los pueblos de habla francesa como son Haití, San Martín, Guadalupe, Martinica, Guayana Francesa, etc., donde convergen diferentes tipos de relación política con relación a Francia.

 

          Finalmente, está el caso de Puerto Rico en su relación política de subordinación colonial respecto a Estados Unidos. Puerto Rico es un país de habla española, vinculado en los pasados ciento once años a Estados Unidos bajo un modelo de relación política de apariencia no colonial, donde los poderes soberanos, sin embargo, no descansan en el pueblo puertorriqueño, sino en el Congreso de Estados Unidos, como suele ocurrir en las relaciones de dependencia coloniales. Esta condición está en relación directa con el Artículo IX del Tratado de París mediante el cual oficialmente se puso fin a la Guerra Hispano-Cubano-Americana de 1898. En el referido artículo se consigna que la condición política del territorio cedido por España y la de sus habitantes sería determinada por el Congreso de Estados Unidos.

 

         Esta región geográfica a la que nos referimos de diferentes maneras y nombres, es una región de diversas culturas, diversas lenguas vernáculas y también diversa desde el punto de vista de su desarrollo económico. Tienen en común un pasado de explotación humana, basada inicialmente en el trabajo esclavo, el monocultivo del azúcar y otros renglones agrícolas; la sujeción mediante modelos coloniales y neo coloniales a la dominación de otras potencias europeas hasta el presente y al imperialismo estadounidense a partir del 1898; y tiene hoy día en común intereses económicos básicos por los cuales unirse para defensa y protección recíproca, sobre todo en época en que las grandes potencias han ido desarrollando nuevos bloques económicos y comerciales que responden exclusivamente a sus particulares intereses económicos imperiales y no a las poblaciones de sus respectivos países y territorios.

 

         Dentro de la región se han desarrollado diversos esfuerzos de integración económica. A tales efectos, valga mencionar:  a) Asociación de Estados del Caribe; b) Comunidad del Caribe (CARICOM); 1 c) Organización de Estados del Caribe Oriental.2 

 

         Existen también otro tipo de acuerdos de integración regionales mayores, los cuales afectan de una manera directa o indirecta la región caribeña, a saber: el Tratado de Libre Comercio de Norte América (NAFTA por sus siglas en inglés), suscrito inicialmente entre Estados Unidos y Canadá en 1989  bajo el nombre de Acuerdo de Libre Comercio y que posteriormente en 1994 integrara a México, para pasar a llamarse Tratado de Libre Comercio de América del Norte 3; el Mercado Común Centroamericano (MCCA); 4 el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), cuyo origen podemos trazarlo al Tratado de Asunción de 26 de marzo  de 1991 5, el cual integra a Argentina, Brasil Paraguay y Uruguay; el Grupo de los Tres (G-3), que propuso integrar en 1991 en un área de inversión, comercio y propiedad intelectual a Colombia, México y Venezuela 6; la Comunidad  Andina (CAN) ; y dentro de todos estos proyectos de integración económica, fue propuesto además, aunque temporalmente derrotado, el temido Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA)7, inicialmente previsto para que entrara en vigor en el año 2005.

 

         En ocasión de la Cumbre de la Américas en Quebec, efectuada en el año 2001, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Comandante Hugo Chávez Frías, propuso la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), como respuesta continental latinoamericana y caribeña, integradora de nuestros pueblos, ante el imperialismo. Aquella idea inicial, aún sin el beneficio de una mayor elaboración teórica, vino a ser eventualmente una bandera de lucha en el enfrentamiento de América Latina ante los intentos neo monroístas de Estados Unidos por su control económico, militar y político a través de la negociación de los llamados tratados de libre comercio. El ALBA, proponía una América Latina y Caribeña unida para el beneficio particular de los pueblos latinoamericanos y caribeños.

 

         Fernando Ramón Bossi nos señala, en ocasión de la III Cumbre de los Pueblos celebrada en Mar del Plata el 3 de noviembre de 2005, que la propuesta del ALBA se sostiene en cuatro pilares: la complementación, la cooperación, la solidaridad y el respeto a la soberanía de los pueblos. Así, concibe la misma como un proceso revolucionario que depende de la participación activa de los pueblos para su sostenimiento y defensa. Indica que el ALBA está dirigido a fomentar y promover la integración de cada uno de nuestros países sobre la base de una política sostenida en la justicia social, la democracia participativa y el anti imperialismo.

 

         De acuerdo con el propio proponente de la idea, el Comandante Chávez, en ocasión de sus discurso ante la Instalación de la V Asamblea General de la Confederación Parlamentaria de las Américas el 25 de noviembre de 2003, el ideario del ALBA se resume en los siguientes puntos: la promoción de la lucha contra la pobreza; la preservación de la autonomía y la identidad latinoamericana; la transferencia de tecnologías y asistencia técnica; la formación de recursos humanos; la priorización en el desarrollo de empresas nacionales como proveedoras de las necesidades públicas; la difusión del progreso científico y tecnológico; el enfrentamiento a los abusos de los monopolios y oligopolios; el fomento y desarrollo de monopolios estatales de interés público; trato especial en las relaciones entre países con economías desiguales para abrir oportunidades a los más débiles; participación social y democrática; la garantía de los derechos económicos, sociales, culturales y civiles en forma indivisible e irrenunciables; la garantía de que los derechos de los inversionistas comerciales no irán en forma alguna por encima de los derechos humanos de los ciudadanos y de la soberanía de nuestros pueblos; limitar los efectos del ALCA, protegiendo en todo momento los derechos humanos, el ambiente y los de género; y finalmente, crear un fondo monetario de convergencia estructural que corrija las asimetrías entre las economías de nuestros pueblos.

 

         Esta visión de integración respecto a los pueblos de América Latina y el Caribe tiene como fundamento racional la necesidad de nuestros pueblos de estructurar su desarrollo, libres de injerencia extranjera, libres de dominación colonial o neo colonial, y libres de controles hacia sus poblaciones en aras de privilegios y beneficios económicos para las burguesías y oligarquías nacionales o extranjeras que por tantos siglos les han chupado hasta el mismo vivir.

 

          Así  propone en respuesta y como propuesta alternativa para nuestros pueblos, nuevas relaciones basadas en la cooperación, la solidaridad, la defensa de la soberanía popular y la integración.

 

         Tal visión, en el contexto de nuestros pueblos, no es nueva.  Ya Simón Bolívar, en ocasión del Congreso Anfictiónico de 22 de junio de 1826, la impulsaba como alternativa real de las nuevas repúblicas suramericanas emergentes desde los escenarios de las guerras de independencia que sacudieron  América del Sur y poco más adelante a los pueblos centroamericanos. Se trataba entonces de una propuesta dirigida a atender la necesidad particular de éstas para su desarrollo, como también, una barrera de contención a la ya evidente voracidad imperialista de Estados Unidos por nuestra región, la cual como sabemos, tomaría forma en la llamadas Doctrina Monroe y en la doctrina del Destino Manifiesto.

 

         El 23 de mayo de 2008 fue suscrito por 11 presidentes de países de América del Sur y un Vice Presidente, el “Tratado Constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas”. Dicho Tratado contó con la participación de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Suriname, Uruguay y Venezuela. El tratado abarca países que conforman una superficie de 17.7 millones de Km.2, de los cuales 8 millones lo componen bosques; con una población de 379 millones de habitantes; el 27% del agua dulce del planeta; con reservas en hidrocarburos para su desarrollo en el próximo siglo; con recursos tales como petróleo, gas, bosques, ríos, océanos, minerales y grandes extensiones de terrenos, abundantes en productos derivados de la agricultura.

 

         Con sus $2,886,780 millones, el conjunto de países que integran la Unión Suramericana representa la cuarta economía del mundo. América del Sur es, además, el primer productor y exportador de alimentos del mundo.

 

         Conforme con los términos del Tratado, los países signatarios y aquellos que en el futuro puedan adherirse al mismo, aspiran a constituir una identidad y ciudadanía suramericana, así como desarrollar un espacio regional integrado en lo político, económico, social, cultural, ambiental, energético y de infraestructura, para contribuir al fortalecimiento de la unidad de América Latina y el Caribe.

 

         La expresión América Latina y el Caribe, lo cual va mucho más allá de los países inicialmente signatarios del Tratado, es porque en el mismo se contemplan dos artículos que permitirían ampliar el marco de los países signatarios en dicha ocasión. El Tratado refiere a la categoría de “Estados Asociados”, donde tendrían cabida aquellos Estados Independientes de América Latina y el Caribe que no suscribieron en su origen el Tratado, los cuales  luego de cinco años de participar como asociados, podrían solicitar el ingreso formal dentro de la Unión Suramericana en igualdad de condiciones mediante el mecanismo de adhesión al Tratado y aceptación por el Consejo de Jefe(as) de Estado.

 

         Entre los principios rectores establecidos en el Tratado se encuentran el irrestricto respeto a la soberanía; la integridad e inviolabilidad territorial de los Estados; la autodeterminación de los pueblos; la solidaridad; la cooperación; la paz; la democracia; la participación ciudadana y el pluralismo; el respeto a los derechos humanos universales, indivisibles e interdependientes; la reducción de las asimetrías y la armonía con la naturaleza para un desarrollo sostenible.

 

         Como fundamento del esfuerzo de los países signatarios del Tratado se incluyen los siguientes objetivos específicos: 1) fortalecimiento del diálogo político entre los Estados miembros; 2) el desarrollo social y humano con equidad e inclusión para erradicar la pobreza y superar las dificultades; 3) la erradicación del analfabetismo, el acceso universal a la educación, así como el reconocimiento regional de los estudios y títulos otorgados; 4) la integración energética; 5) el desarrollo de infraestructuras para la interconexión de la región conforme con criterios de desarrollo socio económicos sustentables; 6) la integración financiera; 7) la protección de la biodiversidad, los recursos hidrológicos y los ecosistemas; 8) la superación de las asimetrías mediante la búsqueda de la integración equitativa entre los Estados; 9) la consolidación de las identidades suramericanas a la vez que se establecería una ciudadanía común: las ciudadanía suramericana; 10) el acceso universal a la seguridad social y a los servicios de salud; 11) la cooperación en materias migratorias  y el respeto a los derechos humanos y laborales de los trabajadores emigrantes; 12) la cooperación económica y comercial; 13) la integración industrial  y  productiva, prestando especial atención a las pequeñas y medianas empresas, a las cooperativas, a redes y otras formas organizadas de la producción; 14) a la investigación, innovación, transferencia y producción de tecnologías; 15) la promoción de la diversidad cultural y el fortalecimiento de las identidades; 16) la participación ciudadana; 17) la coordinación entre organismos especializados en la lucha contra el terrorismo; la corrupción, las drogas, la trata de personas, el tráfico de armas y el crimen organizado; como también, la colaboración entre los Estados con miras a promover el desarme, la no proliferación de armas atómicas y de destrucción masiva y la eliminación de los campos minados; 18) la cooperación entre las autoridades judiciales de los diferentes Estados; 19) el intercambio de información y experiencias en materia de defensa; 20) el fortalecimiento de la seguridad de la ciudadanía; y finalmente, 21) la cooperación entre distintos sectores.

 

         En materia de defensa, Brasil propuso la creación de un “Consejo Suramericano de Defensa”, el cual contó con el endoso de todos los países presentes menos Colombia. Se acordó un Comité de Trabajo cuyo fin fue definir con mayor precisión el alcance de la propuesta, al cual se le encomendó un Informe Técnico en un plazo de 90 días.  A diferencia de la OTAN, las funciones de este Consejo serán las de crear un espacio o foro”para promover diálogos entre los Ministros de Defensa de la región” que permitan intercambiar información y experiencias. El 20 de julio de 2008 Colombia anunció su ingreso al Consejo bajo la premisa de que se acordó que las decisiones tomadas en el mismo serían también por consenso y que el referido Consejo había expresado su “rechazo a grupos violentos cualquiera sea su origen”.

                  

         Bajo la propuesta de una Unión Suramericana, América del Sur contará con cuatro instancias de integración: la UNASUR, el Consejo de Defensa, un banco central suramericano y una moneda única. El Banco Suramericano, concebido el  9 de diciembre de 2007 a sugerencias de Venezuela, contaría con un capital inicial de $20 mil millones y sería la entidad que respaldaría la moneda única suramericana. Aún con múltiples dificultades, poco a poco, este recién nacido mega proyecto de integración ha ido caminando aunque aún tardará tiempo en que sus resultados comiencen a ser asimilados.

 

         Muchas de las organizaciones sociales, sin embargo, están viendo en UNASUR una posibilidad de crear un espacio autónomo, con participación de la sociedad que sirva a su vez para afrontar los problemas reales de los pueblos suramericanos. En una América Latina dispersa, desunida, con graves problemas socio económicos legados por el subdesarrollo y sus propios conflictos internos, la UNASUR viene a representar, no meramente una aspiración, sino un verdadero instrumento de unidad y superación colectiva. Recoge así y definitivamente tiene el potencial, de recoger en la agenda futura para América Latina la propuesta y el sueño bolivariano de una América Latina integrada.

        

         En el marco de nuestro Caribe particular, los escenarios de lucha descolonizadora entre los pueblos de las Antillas Mayores, tuvieron como guía durante el siglo XIX la lucha del pueblo haitiano frente a la dominación francesa; y más adelante, en República Dominicana, la lucha de su pueblo, primero frente a las dominaciones española y haitiana, como más adelante en su historia, resistiendo y luchando decididamente ante las intervenciones militares de Estados Unidos.

 

         En el caso de la hermana república de Cuba, esta lucha descolonizadora toma concreción mediante sus tres guerras de independencia durante el siglo XIX, como también la lucha revolucionaria encabezada por el Movimiento 26 de Julio durante la década de 1950 como parte de la lucha contra el neo colonialismo y por el socialismo.

 

         En el caso de Puerto Rico, aún dentro de sus circunstancias históricas particulares como resultado de una intervención y ocupación militar por parte de Estados Unidos, que al presente se ejerce bajo la fachada de un Estado Libre Asociado, además de su vinculación histórica con los procesos de lucha de independencia de sus hermanas antillanas, particularmente Cuba y República Dominicana, se inscribe también la resistencia demostrada por nuestro pueblo ante los intentos de asimilación de nuestra cultura e idioma como parte del proyecto imperialista de anexión política. En estas condiciones, además, si bien nuestro pueblo no ha logrado aún el ejercicio pleno de su derecho a la libre determinación e independencia, el proyecto imperialista de destrucción de nuestra identidad nacional caribeña y latinoamericana no ha logrado imponerse sobre nuestro pueblo.

 

         En ocasión de la más reciente Cumbre de la Américas realizada en Trinidad y Tobago, el Presidente de Nicaragua Daniel Ortega llamó la atención a la ausencia de Cuba y Puerto Rico en un evento de esta naturaleza, donde se supone estén representados todos los pueblos de este Hemisferio. Allí, dentro del contexto de la necesidad de contar con la participación ambos países si es que debemos asumir como objetivo de nuestros pueblos la integración latinoamericana, como parte de su discurso ante los Jefes de Estado presentes indicó:

         “Aquí estamos presentes una gran mayoría de los Presidentes y Jefes de Gobierno de América Latina y el Caribe; están participando el Presidente de Estados Unidos, el Primer Ministro de Canadá, pero aquí hay dos grandes ausentes: uno Cuba, cuyo delito ha sido luchar por la independencia, por la soberanía de los pueblos; prestar solidaridad, sin condiciones, a nuestros pueblos, y por eso se le sanciona, por eso se le castiga, por eso se le excluye. Por eso yo no me siento cómodo en esta Cumbre, no puedo sentirme cómodo en esta Cumbre, siento vergüenza de estar participando en esta Cumbre con la ausencia de Cuba.

 

Otro pueblo no está aquí presente, porque, a diferencia de Cuba, una nación independiente, solidaria, ese otro pueblo está sometido todavía a las políticas colonialistas; me refiero al hermano pueblo de Puerto Rico.

 

Estamos trabajando para construir una gran alianza, una gran unidad de los pueblos latinoamericanos y caribeños. Llegará el día que ahí también, en esa gran alianza, estará el pueblo de Puerto Rico.”

 

         La idea integradora de los pueblos antillanos junto a nuestros hermanos latinoamericanos ha estado presente en el llamado de nuestros Padres Fundadores desde el Siglo XIX. El llamado se ha hecho desde la propuesta de una Confederación de las Antillas Unidas. Para los puertorriqueños Ramón Emeterio Betances y Eugenio María de Hostos, como para el dominicano Gregorio Luperón y el Apóstol de la Independencia de Cuba José  Martí, la independencia de  América Latina no estaría nunca completa sin la independencia de las Antillas. Para ellos, la independencia de las Antillas debería ser parte de la aportación integradora de nuestras islas en la defensa de la independencia de América Latina.

 

          A pesar de las diferencias que sobre nuestros pueblos han sido impuestas, en gran medida como resultado de las políticas de dominación imperiales sobre la región, en los casos de los pueblos de Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, más allá de tales diferencias, existen elementos importantes elementos comunes que nos acercan. Tales son la historia que nos une, el idioma y  cultura que facilitan nuestra comunicación, y la complementaridad en nuestras capacidades productivas, técnicas e infraestructura, elementos esenciales a la hora de plantearnos un proyecto histórico de integración que vaya mucho más allá, como sería el caso de una integración económica o política. Para ése gran salto, es indispensable el ejercicio pleno de la soberanía política de cada uno de nuestros pueblos.

 

         Se trata en todo caso, de la convergencia de cara al Siglo XXI el proyecto que definieran nuestros padres fundadores de patrias cuando concibieron muy tempranamente en nuestra historia, en la idea de una sola, unida y grande, Patria Latinoamericana a partir de la independencia de nuestras islas y de su integración en una Confederación política.

 

          Es la visión concreta y práctica de aquella cita de Martí cuando en referencia a las tres islas, nos recordaba que éstas, desde hacía años, venían intercambiándose libertadores, por lo que parte de su misión histórica y del derrotero de sus pueblos era hacer con sangre y cariño por debajo de la mar, lo que por encima de la mar hacía la Cordillera Andina con sus pueblos: fundirlos en uno solo. De lo que se trata es de que el mar antillano que nos une y vincula deje de operar en torno a nuestras costas como una muralla que nos separa y divide para convertirse en el vínculo que nos hermana y unifica como pueblos.

 

         Ese ideal de integración de nuestras Antillas, aún con las dificultades que hoy los procesos de intervención política, militar y económica imperialistas nos imponen, resulta ser más vigente que nunca antes.

 

         La conformación de un nuevo espacio político:

 

         Nunca antes desde los tiempos en que Bolívar soñó una Patria unida latinoamericana, se han producido condiciones tan favorables para echar a andar el sueño de nuestros pueblos.

 

         Sin embargo, la ruta de la integración no puede quedar solamente sujeta a nuestra imaginación. Tenemos que trabajar día a día hacia el logro de tal objetivo si es que queremos en algún momento ver el resultado de su concreción. El ALBA es solo un paso, importante sí, pero un paso que por sí solo no nos llevará a esa integración sino asumimos como nuestro el pueblo de cada uno de nuestros países. Hoy el llamado martiano de hacer por debajo de la mar lo que por encima de la mar hace la Cordillera Andina, se traduce en hacer que nuestros respectivos pueblos, mediante lazos concretos de solidaridad, lucha y resistencia, asuman el timón de la nave que nos conduzca en el rescate de nuestras soberanías populares, y así, desde ellas, empujar con verdadera fuerza el proyecto de integración latinoamericana.

 

         Para nosotros, cubanos, dominicanos, haitianos, puertorriqueños, como eventualmente para los pueblos caribeños en conjunto, la unidad que nos define el espacio geográfico es un punto natural de partida. Sin la soberanía política de nuestros respectivos pueblos sobre su territorio, sobre sus economías y su gente, la propuesta de integración caribeña tardará mucho más. De lo anterior se desprende que la independencia de nuestros pueblos respecto a la dominación colonial o neo colonial, sigue siendo prioridad en nuestra hoja de ruta hacia el ejercicio pleno de nuestra soberanía de la misma manera que la soberanía es la garantía en la ruta hacia la integración.

 

         De lo anterior, se deduce, además, la necesidad de que en el reclamo de tal soberanía, nuestros pueblos se opongan con una sola voz a toda medida que comprometa nuestra independencia y soberanía política. Tal es el caso hoy de las propuestas de integración económica hechas por las potencias imperialistas, como  son el Área de Libre Comercio de las Américas o los Tratados de Libre Comercio que propugna, a titulo de “tratados bilaterales” entre naciones, Estados Unidos o aquellas que nos propone hoy la Unión Europea.

 

         En esta nueva geografía de los mercados del Caribe, de la misma manera que Estados Unidos adelanta hoy su visión estratégica, mediante el desarrollo de tratados bilaterales, similares al negociado con México, con diversos estados-nacionales en la región, la Unión Europea lo intenta al  seducir a nuestros gobiernos con propuestas análogas como es el caso del llamado Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Centroamericana (AACUE), el cual propone tres componentes:  el libre comercio, la cooperación y el diálogo político.

 

          A partir de sus esfuerzos y logros en Centro América, negociando acuerdos de “libre comercio” bilaterales y con el beneficio adicional de tener integrado dentro de su economía como resultado de su relación colonial a Puerto Rico8, Estados Unidos ha integrado aún más en su esfera de dominación neo colonial la República Dominicana.  Utilizando la experiencia del Estado Libre Asociado de Puerto Rico como modelo de dominación colonial, Estados Unidos trata de alcanzar hoy por la vía de relaciones neo coloniales, lo que por vía de la relación colonial han obtenido, sobre todo a partir de la creación en 1952 del Estado Libre Asociado, en Puerto Rico. La meta de Estados Unidos hoy, con sus propuestas de tratados bilaterales de libre comercio, no es otra que la puertorriqueñización de las economías de los países latinoamericanos y caribeños.

 

         La experiencia de aquellos países que han entrado dentro de la órbita estadounidense con tales tratados ha sido la de un mayor empobrecimiento para sus pueblos, una mayor acumulación de riqueza para sus propias burguesías y oligarquías y un mayor nivel de compromiso con Estados Unidos en la entrega de su soberanía política y económica.

 

          A diferencia de la propuesta del ALBA, ninguno de tales tratados ha venido a repercutir en beneficios para la población trabajadora, campesina y obrera de nuestros pueblos latinoamericanos.

 

         Se trata de un nuevo mapa geográfico en el cual se agrandan las ya históricas áreas de pobreza, desnutrición, expoliación de los recursos naturales, daño al medio ambiente, hambre y pérdida de soberanía, entre otros, de los países suscriptores de tales tratados.

 

         Desde el punto de vista de los intereses estadounidenses en la región, los tratados de libre comercio persiguen, además, otro propósito. Al presente, la violación de la soberanía de los pueblos y con ella, la colocación de sus economías en la órbita particular de un Estado o corporación multinacional, no necesariamente la definen relaciones de fuerza física o militar. Ciertamente la opción militar siempre ha estado presente en los planes de dominación mundial de Estados Unidos. Sin embargo, estos tratados vienen a cumplir la función no solo de someter las economías de los pueblos latinoamericanos y caribeños a la economía de Estados Unidos, sino también, a detener a tiempo, los intentos de otros bloques económicos en ascenso y desarrollo por el control de las economías latinoamericanas.

 

         Datos publicados por la Revista Foreign Affairs 9 bajo la firma de Peter Hakim indican que, al presente, el 10% del comercio exterior de América Latina se desarrolla con la República Popular  China; que Estados Unidos, en su aventura guerrerista en el Mediano Oriente y Afganistán, ha descuidado su influencia sobre América Latina, propiciando el acercamiento hacia este mercado no solo de China sino también de la Unión Europea. Hoy día uno de los principales socios de un gigante económico como lo es Brasil, sino el mayor, es la República Popular China.

 

          En ocasión de la celebración de la Cuarta Cumbre de Jefes de Estados y de Gobierno de la Unión Europea y América Latina y el Caribe de mayo de 2006, se planteó por los participantes europeos su interés; es decir, el interés de la Unión Europea de, mediante la negociación de acuerdos económicos estratégicos con los países de este Hemisferio basados en acuerdos de libre comercio, desarrollar nuevas relaciones comerciales y económicas con la región.

 

          Esta visión, contenida y desarrollada en su propuesta de Europa Global de octubre de 2006, postula el desarrollo de acercamientos con los bloques de integración económica ya existentes en América del Sur y América Central, como también con aquellos en el Caribe, como parte de los tratados que viene desarrollando la Unión Europea con países de África, el Pacífico y el Caribe bajo el nombre de “Acuerdos de Asociación Económica”.

 

          Esta presencia de la Unión Europea dentro de los planes de dominación imperialista sobre nuestros pueblos es lo que llevó más adelante, en ocasión del “VI Encuentro Hemisférico de lucha contra los TLC’s y por la integración de los pueblos”, efectuado en La Habana, Cuba, del 3 al 5 de mayo de 2007, a denunciar los propósitos perseguidos por la Unión Europea.  Así, se planteó como parte de los hallazgos del panel titulado “La ofensiva de la Europa del capital en América Latina y el Caribe. Las luchas contra los Tratados de Libre Comercio proyectados por la Unión Europea y contra las empresas transnacionales”, lo siguiente:

 

“...La Unión Europea es, por encima de cualquier retórica, un proyecto económico y político que surge para crear un mercado a escala europea, que permita ganar competitividad económica a nivel mundial, generando pobreza, desigualdades, guerras y graves conflictos ambientales. Las políticas necesarias para este proyecto sólo pueden llevarse a cabo a través de una autoridad unificada, dotada de poderes administrativos, legislativos, económicos y judiciales, así como policiales y militares, que benefician sólo a una minoría. La Constitución Europea tiene como fin convertir a la UE en una superpotencia mundial. Para competir con EE. UU., China o Japón, la UE necesita aumentar el territorio bajo su control directo (con sus consumidores/as- trabajadores/as - materias primas e industria),lo cual explica la ampliación al Este en 2004 y 2007 (12 nuevos estados miembros). Además, esta superpotencia pretende que ser (sic) un poder político y militar de primer orden. La Unión Europea quiere asegurarse el acceso a nuevos mercados, a recursos energéticos, y materias primas y tener áreas de influencia política exclusiva que respalden al euro, la moneda única, en los mercados internacionales. Así, ejércitos europeos participan en guerras como en Somalia, Kosovo, Mozambique, Congo, Afganistán, Irak, Bosnia, etc.

 

....

 

... Denunciar y resistir a esa “Europa”securitaria y militarista en ascenso, es cada día que pasa un imperativo más importante para acometer cualquier proceso de transformación social, política y ecológica en el espacio europeo, pero también mundial.

 

...”

 

         La denuncia de los tratados de libre comercio sobre nuestros pueblos  supone no solo la denuncia de aquellos que promueve Estados Unidos, sino de todos aquellos que propendan al control imperialista de nuestra región y que en su aplicación, no solo comprometan la soberanía nacional de nuestros países, sino que  estén predicados en el enriquecimiento de estos Estados, junto con las empresas multinacionales a cuyos intereses responden, a costa de profundizar la miseria y pobreza, dependencia y el subdesarrollo de nuestras poblaciones. Entre éstos estamos obligados a considerar aquellos tratados de libre comercio y colaboración que propugna a Unión Europea.

 

 

VI. La vigencia del la lucha anti imperialista para América Latina y el Caribe

 

          Hace más de una década, en la búsqueda de referentes políticos que plantearan las bases sobre las cuales pudiera orientarse la lucha anti imperialista en los nuevos escenarios,  indicábamos a los jóvenes que se aprestaban a marchar hacia Cuba en trabajos de solidaridad, la necesidad para nuestros pueblos de iniciar la búsqueda de nuevos rumbos de lucha dentro de viejas fronteras. Nos preguntábamos cuáles podrían ser los desafíos que conllevarían hoy la formulación de una postura definitoria anti imperialista. En el proceso identifiqué una docena de propuestas, que con sus ajustes en el tiempo, podrían servirnos aún hoy de punto de partida en una reflexión mucho más abarcadora y enriquecedora.

 

         Para mí, el primer desafío sería buscar una interpretación adecuada que nos permita, antes de etiquetar las manifestaciones que asumen hoy las relaciones de producción en países industrializados y poderosos, identificar en cada caso, en cada situación, en cada contexto, sus particularidades. Al hacerlo, estaríamos eliminando categorías absolutas que en última instancia tan solo reducen nuestro entendimiento y nuestras propuestas a dogmas inmutables que frenan el desarrollo de nuestras posibilidades.

 

         De la misma manera que el desarrollo capitalista no ha sido igual en todos los países, lo mismo podemos decir sobre el desarrollo del imperialismo a lo largo del pasado siglo, o de la globalización, como propuesta actual en el mundo dominado por el capital.

 

         A la globalización del capital y la dominación imperialista corresponde la globalización de una respuesta de lucha y resistencia desde los pueblos. Esta respuesta tiene que partir a su vez, del análisis de las particularidades de cada uno de nuestros pueblos, y a partir de ellas, articular una respuesta conjunta y coordinada. Una de estas instancias ha sido aquella surgida en julio de 1990 cuando nace el Foro de São Paulo impulsando una propuesta alterna de lucha anti  imperialista y anti neoliberal.

 

         El segundo desafío que tenemos, es cómo identificar la manera en que se manifiesta, en los planos económicos, políticos, ideológicos y militares, las particularidades de los diferentes estados o bloques imperialistas, en referencia al entorno geográfico que nos ha correspondido vivir. En este proceso, nos corresponde buscar precisamente las similitudes que existan entre nuestros pueblos al igual que sus diferencias; nuestros propios modelos de desarrollo nacional, enfrentando así las propuestas de modelos de desarrollo a los cuales nos pretendan  empujar las propuestas imperialistas.

 

         En tercer lugar, es necesario identificar hoy, en aquellas propuestas económicas implantadas en nuestros respectivos países, si las mismas responden  a los intereses de la mayoría de nuestra población; o si se trata de medidas que a corto o mediano plazo, eventualmente estarán beneficiando a los grandes intereses económicos a costa del sufrimiento y dolor de las poblaciones de nuestros países.

 

          Al hacer este análisis, no debemos perder la perspectiva que nuestras conclusiones deben en todo momento, reforzar una propuesta de lucha y resistencia desde el punto de vista de los intereses de los explotados. La  forma en que abordemos el análisis las medidas adoptadas por nuestros gobiernos no debe perder tampoco la perspectiva de la lucha de clases, tanto en lo que concierne a nuestras luchas nacionales como las internacionales.

 

         Aunque quizás no lo percibamos, cómo podría percibirse el análisis de las condiciones de trabajo de un gran taller en la época de la Revolución Industrial, el fortalecimiento de las economías de los nuevos mercados emergentes, como es el caso de algunas de las economías asiáticas, y en alguna medida, el beneficio económico que devengan de tales condiciones  bloques económicos como los que encabeza Estados Unidos o la Unión Europea, se monta hoy sobre la base de la pauperización extrema de la fuerza de trabajo, de la super explotación de la fuerza de trabajo en los niños y de la mujer, e incluso, mediante la introducción de trabajadores en campamentos de trabajo que nada tienen que envidiarle en muchos casos a los campamentos de trabajo forzado, tan característicos de períodos en la historia que creíamos superados.

 

         Entre el conjunto de dichas manifestaciones se impone también, además, la necesidad de analizar la lucha anti imperialista desde la perspectiva de la lucha contra el daño ecológico y la protección del medio ambiente; la lucha contra el analfabetismo y la desnutrición; la lucha contra la privatización y las medidas neoliberales y de choque por parte de los diferentes estados contra la población de sus propios países; así como las condiciones impuestas por los organismos financieros a nivel internacional contra los pueblos; la lucha contra los bajos salarios; la lucha por el mejoramiento de las condiciones de salud de la población; la lucha contra la injerencia de los grandes Estados en las decisiones soberanas que adoptan pueblos como los nuestros; la lucha contra la adopción por parte de estados imperialistas y organismos internacionales de medidas legales extra territoriales, que interfieren con el ejercicio de los derechos soberanos de los pueblos; el rechazo al uso de los mecanismos de presión económica, bloqueos comerciales o militares, orientados hacia causar perjuicio a la población civil; la adopción de medidas militares dirigidas a interferir con el desarrollo político, económico y social de otros pueblos; el saqueo de los recursos naturales y de la riqueza de los países en vías de desarrollo; y el respaldo a la lucha de los pueblos aborígenes por la reivindicación de sus derechos, la afirmación de sus culturas, lenguas y su inclusión y  participación en los procesos políticos en sus respectivos países en igualdad de condiciones al resto de los ciudadanos.

 

         En cuarto lugar, es necesario identificar, como parte de esta lucha anti imperialista, la lucha por romper el cerco al acceso a la información y el conocimiento por parte de un puñado naciones poderosas, y el derecho a socializar ese conocimiento y esa información con los sectores populares.

 

         En quinto lugar, es importante retomar, posiblemente con un mayor sentido de urgencia, a la luz de la nueva realidad de un mundo unipolar que se mueve apresuradamente a un nuevo orden multi polar de choques y conflictos entre las viejas economías y bloques económicos predominantes frente a aquellas economías y bloques económicos emergentes, el planteamiento hecho a título de advertencia por el Comandante Ernesto Guevara en ocasión del II Seminario Económico de Solidaridad Afroasiático el 24 de febrero de 1964. Entonces, en referencia a la Unión Soviética y sus tesis sobre intercambio basado en el alegado “beneficio mutuo” con los pueblos del Tercer Mundo, el Ché nos previno de falsas nociones sobre el intercambio, como las que hoy llaman las potencias imperialistas a los tratados de libre comercio, al decir:

 

“...¿Cómo puede significar ‘beneficio mutuo’ vender a precios de mercado mundial las materias primas que cuestan sudor y sufrimientos sin límites a los países atrasados y comprar a precios del mercado mundial las máquina producidas en las grandes fábricas automatizadas del presente? Si establecemos este tipo de relación entre los dos grupos de naciones, debemos convenir que los países socialistas son, en cierta manera, cómplices de la explotación imperial. Se puede argüir que el monto del intercambio con los países subdesarrollados, constituye una parte insignificante del comercio exterior de dichos países. Es una gran verdad, pero no elimina el carácter inmoral del intercambio.”

 

         En sexto lugar, toda propuesta de lucha por la integración de nuestros pueblos no puede perder de perspectiva la diferencia existente entre lo que representa la integración de los estados nacionales y la integración de los intereses de los pueblos que los configuran. En ese sentido, toda lucha nacional por la integración latinoamericana y caribeña debe tener presente el desarrollo de la lucha de clases en cada país y no la abstracción sobre tal realidad.

 

         En muchos de nuestros países, la existencia de grandes contradicciones entre clases y sectores de clases a nivel interno con respecto a los intereses de las grandes multinacionales, e incluso algunos bloques económicos en particular, no debe confundirse, ni llevarnos a hacer abstracción de la naturaleza de clase del Estado y los intereses que el mismo representa. En tal sentido, la lucha popular de los pueblos, las luchas de la clase trabajadora por sus reivindicaciones clasistas frente al capital nacional e internacional, siguen ahí presente y sobre ellas debemos tener una clara identificación con la clase trabajadora y sus luchas.

 

         En la anterior perspectiva, lo que corresponde a las clases trabajadoras en cada uno de estos países, junto a sus respectivos pueblos, continuar y profundizar la lucha por el socialismo.

 

         En séptimo lugar, la lucha anti imperialista supone también la necesidad de combatir y enfrentar toda medida dirigida a degradar la dignidad del ser humano con la adopción de  políticas discriminatorias y xenofóbicas que en estos momentos son fomentadas en todo el mundo. Tal es la situación con la globalización del discrimen basado en  en consideraciones étnicas, raciales y de origen nacional; como también, aquellas otras sostenidas en consideración al género, la edad, la condición social o ideas políticas o religiosas de las personas.

 

         En octavo lugar, una posición política que aspire a ser consecuentemente anti imperialista, presupone a su vez, la obligación en cada revolucionario de ser consecuentemente anti colonialista, no importa detrás de cual disfraz venga vestida una política de esta naturaleza. De aquí que en las colonias, la lucha anti imperialista no pueda estar desvinculada, bajo ningún concepto, de la lucha anti colonial; y esta última, al menos desde los pueblos coloniales, no puede estar afirmada si no es en la lucha por el verdadero ejercicio de tales pueblos a la libre determinación e independencia.

 

         Sin embargo, resulta necesario reafirmar, como parte indispensable de lo que constituye el contenido de la lucha anti colonial a partir de la época del imperialismo, que una lucha de naturaleza anti colonial solo mantiene su condición revolucionaria en la medida que incorpore en sus aspiraciones, además de la independencia, la lucha por una verdadera justicia social, que supere y trascienda el marco de las condiciones de explotación del trabajo humano legado por el capitalismo y el imperialismo.

 

         En el caso específico de Puerto Rico, la independencia por la cual luchamos tiene que ser una sostenida en una propuesta clara de redistribución, justa y adecuada, de la riqueza social producida por nuestro pueblo trabajador. Si bien la responsabilidad primaria en la consecución de nuestra independencia reside en nuestros propios esfuerzos, la solidaridad de los pueblos en lucha, particularmente aquellos pueblos latinoamericanos y caribeños, juega un papel fundamental. Nunca  será realizado el sueño bolivariano de culminar la independencia de los pueblos de  de América Latina mientras Puerto Rico permanezca sujeto, en una condición de subordinación política y colonial, con Estados Unidos. Luego de siglos de lucha y resistencia, el pueblo puertorriqueño no ha prevalecido aún en su vocación libertaria, sin embargo, el reclamo de libertad, soberanía e independencia jamás ha sido acallado.

 

         En noveno lugar, en la lucha anti imperialista de la época donde el capital se ha internacionalizado y donde, como dijéramos antes, se habla de una economía globalizada, no se puede perder de perspectiva que tal lucha reviste también aspectos internacionales como parte de la agenda de todos los trabajadores del mundo por construir, edificar, o desarrollar un mundo mejor. En ese sentido, toda lucha anti imperialista debe partir del supuesto de la solidaridad con todos aquellos y aquellas que son víctimas de la opresión y explotación, no importa el lugar donde estos se encuentren, o el nivel de desarrollo alcanzado en sus respectivos procesos de lucha.

 

         En décimo lugar, la lucha anti imperialista presupone defender el derecho al desarrollo económico de cada pueblo desde la perspectiva del mejoramiento material y espiritual de sus clases trabajadoras y de sus intereses.

 

          En undécimo lugar, la lucha anti imperialista tiene que partir de la aspiración de todos nosotros por alcanzar el más amplio y directo grado de democracia participativa de nuestros pueblos. En ese sentido, el triunfo del anti imperialismo sobre las formas de dominación políticas impuestas a nuestras poblaciones por el imperialismo, unido a décadas de control burocrático del aparato estatal por la burguesía y las oligarquías, supone en cada país, la superación de los moldes  autoritarios y excluyentes, todo ello a partir de las condiciones específicas y de las experiencias concretas de cada país. La democracia, además de representativa y participativa tiene que ser inclusiva.

 

         En duodécimo lugar, no puede haber anti imperialismo si el mismo está sostenido en la perpetuación de la explotación del trabajo humano. El anti imperialismo, para que mantenga estratégicamente su condición revolucionaria, tiene que aspirar a sustituir eventualmente el capitalismo en sus diferentes manifestaciones y formas de dominación, para dar paso a un socialismo democrático, participativo, con verdarero rostro humano y solidario, pero sobre todas las cosas, un socialismo revolucionario y transformador.

 

          En ese sentido, parte de la posición anti imperialista en cada uno de nosotros presupone también la participación activa, junto a las fuerzas sociales capaces de debilitar su hegemonía en cada país, como son los sindicatos obreros, organizaciones ambientalistas, comunales, juveniles, feministas, campesinas, etc., de las luchas que se libran cada día a nivel nacional e internacional contra el capital.

 

         En el contexto latinoamericano en particular, tiene un espacio especial en la lucha anti imperialista contemporánea, no solo continuar defendiendo el proceso revolucionario cubano frente a todo intento de debilitar su Revolución  o destruirla. Frente a las profundas transformaciones y cambios que hoy promueve la Revolución Bolivariana de Venezuela, el nuevo socialismo comunitario que impulsa Evo Morales a través del Movimiento al Socialismo en Bolivia; junto con los grandes proyectos de cambio y transformación que desde el continente sur americano y centro americano emergen frente a la dominación política, económica y militar de Estados Unidos, todo anti imperialista tiene como imperativo, estar en primera fila en la defensa de estos países hermanos, de sus pueblos y de sus procesos revolucionarios.

 

 

VII. Trazando las coordenadas para la lucha

 

         Las coordenadas en esta lucha, es decir, la lucha que junto a nosotros le corresponde también librar a las nuevas generaciones en un futuro inmediato, son hoy y serán mañana diferentes. Los diferentes ajustes hechos por capital para intentar perpetuarse, a largo plazo tienen inherentemente la imposibilidad de superar la contradicción principal que el capitalismo como sistema económico y modo de producción les impone. Tal contradicción es aquella que se sintetiza en la imposibilidad de poder satisfacer las necesidades más apremiantes de todos los productores, mientras prevalezca la apropiación individual de los beneficios que genera tal producción social. Por esto la lucha revolucionaria sigue manteniendo su vigencia.

 

         De la misma manera que los desarrollos científicos, la tecnología y la informática han ido globalizando los procesos de producción a escala mundial, paso a paso integrando economías y formando nuevos bloques económicos, de esa misma manera se han ido globalizando también los métodos de explotación del trabajo del ser humano. El capital, sin embargo, a la par que ha ido globalizando los mecanismos de dominación sobre el trabajador individual, sobre los pueblos, sus economías y sus gobiernos, inevitablemente también ha ido creando las condiciones materiales que permiten globalizar nuevas formas de lucha y resistencia. Cómo diseñar una estrategia unificada que le imprima cause revolucionario a tales luchas y resistencias es el reto de las nuevas generaciones.

 

          La respuesta a esta interrogante viene surgiendo y desarrollándose en los inicios del Siglo XXI desde América Latina. No perdamos de vista que como caribeños y latinoamericanos, somos sujetos activos de ese proceso maravilloso y prometedor. Nuestra responsabilidad es aportar en la medida posible a la culminación de este sueño integrador de nuestros pueblos.

 

 

 

Alejandro Torres Rivera, abogado laboral puertorriqueño, es profesor del Instituto de Relaciones del Trabajo de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y Secretario de Educación Política del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano de Puerto Rico.  Es un querido asiduo colaborador de nuestra revista

 



1

         La Asociación de Estados del Caribe fue creada mediante el Tratado de Chaguaramas de 1973. Tiene su antecedente en la “Caribbean Free Trade Association (CARIFTA) de 1968. A la fecha de su fundación era su aspiración la creación de un mercado común para el Caribe, un sistema preferencial para los países de menor desarrollo, la creación de un Banco de Desarrollo del Caribe y la fundación de una Universidad de las Indias Occidentales. Actualmente sus estados miembros incluyen cuatro territorios que pertenecen al Reino Unido (Monserrate, Anguila, Islas Vírgenes Británicas y las Islas Turkos y Caicos, estos últimos dos en calidad de estados asociados). Los otros miembros de la Asociación son: Antigua, Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, St. Kitts y Nevis. Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Suriname y Trinidad-Tobaco. Eleven Meeting of the Monitoring Committee of the CDCC, “Analysis of Trade Flows Between Puerto Rico and CARICOM and Prospects for Integration” , 10 de abril de 2003, San Juan, Puerto Rico. En el CARICOM,  Puerto Rico participa en calidad de “Miembro Observador” y  solicitó su ingreso al menos en dos de sus comités de trabajo.

2

         En los pasados años el Gobierno de Puerto Rico ha tratado de mantenerse vinculado a dicho Organismo. Bajo la administración de la Gobernadora Sila M. Calderón (2000-2004), se gestionó la reactivación de un Acuerdo de Cooperación entre el Estado Libre Asociado de Puerto Rico y dicha Organización.

3

         De acuerdo con Rina Bertaccini, ¿Integración con soberanía o integración subordinada?, publicado originalmente en “Desafíos para pensar el mundo”, Núm. 26, diciembre de 2000, Buenos Aires, Argentina y reproducido en ALCA: Imperialismo Neoliberal, Revista Bimestral Paradigmas y Utopías, diciembre-enero 2002, Núm. 3, México, mediante el mismo se haría una nueva estructuración de la economía de México “en función de una relación de integración subordinada a la economía de Estados Unidos.”

4

         Originalmente en 1958 surgió el “Tratado Multilateral de Libre Comercio e Integración Económica” entre Costa Rica, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, el cual fue posteriormente ampliado mediante el Tratado de Asociación Económica Centroamericana y el “Tratado General de Integración Económica Centroamericana”, el cual de acuerdo con José A. Quintero Gómez, da vida al Mercado Común Centroamericano (MCCA). Véase La Integración Económica en América Latina y el Caribe: Dos décadas de experiencias, Economía Mundial: los últimos 20 años; Colección Economía, Editorial de Ciencias Sociales , La Habana, 2002. De acuerdo con dicho autor, la base para el surgimiento de estas iniciativas se encuentra en los modelos desarrollados por un grupo de economistas de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas (CEPAL), donde la integración de las economías de los países se concibió como “el camino para suministrar a los mercados ampliados que necesitaba la iniciativa” para a través de la industrialización sustituir las importaciones.

5

         Para Arturo Huerta González, profesor de economía de la Universidad Nacional Autónoma de México en su ensayo El ALCA: Política para subordinar y dominar a América Latina, publicado en Paradigmas y Utopías, Op. Cit., MERCOSUR “es una unión aduanera que presupone tarifas externas comunes para los productos de otros países y aún una estrecha coordinación de políticas que promueva la convergencia de ciclos macroeconómicos y de las prácticas comerciales”.

 

          Para Eduardo Rofman, economista del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Buenos Aires “[E]l proceso de constitución y desarrollo del MERCOSUR ha sido el marco para que los segmentos más concentrados del capital, ya sean de origen transnacional o regional, hayan incrementado sustancialmente su intervención en el mercado ampliado intrarregional (...) hasta ahora el MERCOSUR ha sido casi exclusivamente el escenario donde pueden realizar ‘grandes y buenos negocios’. Como contraparte de esta evidencia, ni el grueso de la pequeña y mediana producción ni los asalariados, ni los trabajadores por cuenta propia, ni los actores sociales vinculados con otros planos que no sean los de la dinámica del intercambio comercial, han participado– o lo han hecho muy limitadamente– de las posibles ventajas del proyecto integrador.” Citado por Rina Bertaccini en ¿Integración con soberanía o integración subobrdinada? en Paradigmas y Utopías, Op.Cit..

6

         Para Rita Giacalone, El Grupo de los Tres: sus perspectivas según formas de incorporación al ALCA, revista “Realidad Económica”, Núm.156, 1998, citada por Rina Bertaccini, Op. Cit., “su negociación se vio facilitada por la implementación de políticas de ajuste y reestructuración macroeconómica en las tres naciones, cuyos gobiernos proponían modelos similares de crecimiento y desarrollo’(el modelo de capitalismo neoliberal), con economías orientadas principalmente hacia los EE. UU.  El acuerdo, que entró en vigencia en enero de 1995, tiene en la mira su inserción en el ALCA.”

7

         América Central y América del Sur es un mercado compuesto de más de 800 millones de habitantes de los cuales más de 240 millones viven en la pobreza. De éstos, más de 90 millones pueden catalogarse como indigentes, es decir, en pobreza extrema. A pesar de lo anterior, se ha indicado que el 20% de la población recibe un ingreso que es 19 veces superior al 20% más pobre. A la misma vez, es un mercado hacia donde Estados unidos exporta el 40% de todas sus exportaciones.

 

         De acuerdo con Osvaldo Martínez, Presidente de la Comisión Económica del Parlamento de Cuba y Director del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, en una Mesa Redonda Informativa el 20 de abril de 2001, al analizar los objetivos del ALCA, señaló lo siguiente: a) “afianzar el dominio sobre América Latina y el Caribe, que es la región donde tradicional e históricamente han tenido y siguen teniendo un mayor grado de control económico y político, y afianzar este dominio en el contexto entre los grandes centros de poder mundial que están hoy protagonizando una especie de regionalización del poder económico”, lo anterior en referencia a la Unión Europea y Japón.; b) ser “un espacio de libre circulación de capitales y mercancías norteamericanas, desde Canadá hasta el extremo sur del continente, en condiciones de preferencia frente a europeos y japoneses”; y, c) “minar y paralizar la integración económica latinoamericana”. Véase ALCA: el Tiburón y las Sardinas, en Paradigmas y Utopías, Op. Cit.

 

         Esta opinión también es compartida por el profesor Francisco Catalá Oliveras en un escrito reciente presentado en el foro celebrado el pasado 11 de septiembre de 2003, auspiciado por la Central Puertorriqueña de Trabajadores y la Liga de Cooperativas de Puerto Rico titulado El ALCA y nosotros: Entre el Sur y el Norte, Catalá cita al Secretario de Estado de Estados Unidos Collin Powell, indicando lo siguente:   “... nuestro objetivo con el ALCA es garantizar a las empresas norteamericanas el control de un territorio que va del Polo Ártico hasta el Antártico, libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad, para nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio.”

8

         Los activos del sector financiero en Puerto Rico para marzo de 2006 ascendían, según datos de la Oficina de Comisionado de Instituciones Financieras a $110,478.694 millones. El Instituto Brookings y el Centro de la Nueva Economía, por su parte, en un Informe señalan que los activos totales del sector financiero ascienden a $218,000.000 millones, de los cuales el 43% se encuentran en la banca comercial y el 57% en la banca internacional. En el sector cooperativo los activos de la cooperativas de ahorro y crédito ascendieron en marzo de 2006 a $4,283,685,155 millones; el Banco Cooperativo tuvo en el año 2005 depósitos estimados en $519,000.000 millones, mientras que la Cooperativa de Seguros Múltiples y la Cooperativa de Seguros de Vida tuvieron activos ascendentes a $563,188,000 millones y $286,626,339 millones respectivamente. 

 

         Otro índice importante a señalar es que mientras el producto interno bruto de Puerto Rico ascendió en el año 2004 a $78,522.2 millones, el producto bruto fue de $50,000 millones. La diferencia, es decir, $28,522.2 millones fueron las ganancias acumuladas por las empresas establecidas en Puerto Rico, fundamentalmente de capital estadounidense, de las cuales fueron repatriadas $26,360.6 millones a sus casas matrices. Para el año fiscal 2007-08 el estimado de ganancias repatriadas por estas empresas se estima por parte de la Junta de Planificación de Puerto Rico en $35,210.8 millones. Este proceso, además, ha ido acompañado de un descenso en el empleo en la manufactura donde en los últimos 15 años se han perdido cerca de 50 mil empleos en este ramo; la deuda pública ha aumentado de $12,564.7 millones en 1990 a $46,700.0 millones en el 2008 y las tasas de crecimiento económico se han ido reduciendo de 5.1% en el 1971 a 2.7% en el 2004 y de ahí a básicamente un crecimiento negativo para el año fiscal 2008-09.

 

         Edwin Irizarry Mora, reputado economista y dirigente del Partido Independentista Puertorriqueño, por su parte señala, que durante el año 2006 las empresas estadounidenses obtuvieron de Puerto Rico sobre $54,800 millones de los cuales alrededor de $33,300 millones fueron ganancias. De acuerdo con él, desde 1975 al presente, el monto de las ganancias obtenidas por empresas estadounidenses en Puerto Rico asciende a más de $400,000 millones. Datos de la Junta de Planificación de Puerto Rico establecen que entre 1999 a 2009 el monto de los rendimientos de capital de estas empresas habría sido de $292,544.3 millones.

9

         Peter Hakim,Is Washington Losing Latin America”, Foreign Affairs, Vol. 85, enero-febrero, 2006.